‘Joker’, una mirada única hacia la psique de un paría social

Joaquin Phoenix otorga una interpretación excepcional como el villano más interesantes de nuestros tiempos.

La magistral interpretación de Heath Ledger como un Joker despiadado en ‘The Dark Knight’ dejó al mundo con sed de más, y fue hasta el 2016 que las expectativas por ver a Jared Leto en pantalla grande tomar la estafeta llegaron a su máximo punto… para caer estrepitosamente gracias a una desafortunada edición y casi nula presencia del personaje en ‘The Suicide Squad’. Así que cuando Todd Phillips anunció el título de ‘Joker’ como su propia versión sobre los origines del villano, hubo muchas opiniones encontradas y las expectativas se manejaron de manera reservada, hasta hace un par de meses.

Cuando el primer teaser de ‘Joker‘ vio la luz, las expectativas volvieron a subir pero ahora, con justificación. Ya se sabía que el incomparable Joaquin Phoenix se pintaría el pelo de verde, y aunque nadie duda de sus dotes actorales, fue un alivio ver que la película sería todo menos una parodia de sí misma y que de algún modo, se conjugaría poco con la narrativa del Caballero de la Noche. Fue ya para el trailer final y su victoria en el Festival de Venecia que se sabría que, no solamente la ejecución del personaje sería una obra maestra, pero que la película en sí podría bien ser una de las mejores -sino es que la mejor- del año.

Tomando como inspiración -más no estrictamente basada en- el cómic ‘The Killing Joke’, y las pelis ‘The King of Comedy’ y ‘Taxi Driver’ (Martin Scorcese estuvo atado como productor en algún punto) ‘Joker’ se dedica enteramente a estudiar la psique de Arthur Fleck, un hombre con una condición mental que es constantemente repudiado por la sociedad y todos aquellos seres cercanos a él, o casi todos. Es cuando llega a su punto más bajo que no ve otra manera de seguir adelante más que darle rienda a sus frustraciones para abrirse paso a través de un túnel oscuro y hacia la luz, si es que existe.

Ambientada a finales de los 70’s, Ciudad Gótica se encuentra en su peor punto: basura, ratas y austeridad están por doquier, las calles también están infestadas de ellas. Ahí, Arthur Fleck (Phoenix) es un hombre que vive con una condición crónica que dispara una risa incontrolable en momentos de ansiedad, ¿su medicina? trabajar como payaso en donde quiera que se le dé una oportunidad. ¿Su sueño? ser el mejor comediante del país y tener su propio show, como su ídolo Murray Franklin (Robert DeNiro, exquisito como siempre). Sin embargo, sus sueños no serán más que una mera ilusión pues la realidad es otra; pues desde los créditos iniciales nos damos cuenta que Arthur es el chiste en sí, y no uno muy bueno pues no toma más que un puñado de pubertos para ponerlo en su lugar, sólo porque se les da la gana.

Arthur vive con su madre Penny (Frances Conroy) una mujer de edad avanzada que requiere cuidados y atención, dependiendo de su pequeño ‘Happy’ irónico apodo que le da a su hijo. Él por su parte, la atiende con el cariño y respeto debido. A la par, el empresario Thomas Wayne (Bret Cullen) lleva a cabo una campaña para convertirse en el próximo alcalde de Ciudad Gótica, prometiendo erradicar la desesperanza y pobreza, algo que como el sueño de Arthur, parece imposible. Y es así que Arthur se levanta para enfrentar el día a día con la mejor sonrisa.

Sin embargo, esto no es un cuento de hadas y la misma desesperación de Arthur por protegerse del mundo cruel, lo llevan a perder su trabajo, aprender verdades dolorosas y finalmente volverse presa de sus más bajos instintos para sobrevivir, más para desatar sus represiones, pero sobretodo sobrevivir. Y después de un fatídico encuentro con un trío de pelafustanes de Wall Street, su vida no será la misma y la de Ciudad Gótica tampoco.

Es así que poco a poco la verdadera naturaleza de Arthur comienza a salir a flote y las cosas se tornan peligrosas. Y no solo para los habitantes de Gótica, sino para la audiencia también porque hasta cierto punto entiendes el por qué de sus acciones. Sin embargo, se debe tomar más como una advertencia que como una empatía, y aunque Phillips y Phoenix han dejado claro que su intención nunca ha sido hacer apología de la violencia, uno no puede dejar de ver reflejada la realidad de tantas personas que bien el ‘Joker’ podría ser cualquier vecino o amigo.

También es cierto que la condición de Fleck, más el excesivo abuso de la sociedad en un mundo ficticio lo empujan directo al abismo, y su discurso no es más que el victimismo de un hombre que no supo lidiar con los problemas de la vida. Ahora, entenderlo así y saber que el querido Guasón no es más que un personaje, ayuda a saborear el filme de la mejor manera.

Sin duda la película arrasará en la próxima temporada de premios, por lo pronto con las nominaciones, pues la fotografía de Lawrence Sher (War Dogs) y las partituras de la oriunda de Islandia, Hildur Guðnadóttir (Sicario: Day of the Soldado) son realmente magníficas, sin dejar pasar el atinado diseño de producción y la gloriosa dirección de Phillips. No debería sorprender que Joaquin Phoenix llegue hacía un bien merecido -y ya tardado- Óscar por su actuación.

Poco hay por spoilear, pero tampoco sería justo contar un desenlace que se vive de manera exquisita con cada toma e interpretación de un reparto fantástico, un excelente guión y la visionaria dirección de Todd Phillips. Lo que sí hay que contar es que ‘Joker’ será definitivamente un parteaguas para el mundo del cine y los cómics, al igual que en esta ocasión, tus expectativas pueden estar tan altas como quieras, pues Joaquin Phoenix no solo las cumple, sino que las excede.

Godzilla, El Rey de los Monstruos

La mítica criatura regresa para enfrentarse a un nuevo monstruo en una batalla que pone en riesgo a la humanidad.

Por Alex It.

Atrás han quedado los monstruos que daban miedo, hoy en día es muy raro que una criatura amorfa provoque algo más que curiosidad y morbo. A las audiencias de hoy les da más miedo perder seguidores en instagram que un quasi-dinosaurio destruyendo una ciudad entera; es más, ni atención prestan a la pantalla grande. Es por eso que se aplaude el esfuerzo de Waner Bros. por crear, no solamente un filme sobre el -posiblemente- monstruo más famoso del mundo, sino todo un universo cinematográfico al rededor de este y demás compañeritos.

Godzilla lleva escondido casi 5 años en los océanos.

Han pasado 5 años desde que Godzilla irrumpiera en la ciudad de San Francisco destruyendo todo a su paso y ahora, el mundo entero está consciente de su existencia. Sin embargo, otros pocos han descubierto que Godzilla no está solo, pues escondidos en distintos parajes del mundo, un sinfín de extrañas criaturas duermen profundamente esperando el llamado que los invite a salir a explorar de nuevo el planeta que alguna vez les perteneció enteramente.

Y quien más sabe al respecto es la Dr. Emma Russell (Vera Farmiga), quien después de haber perdido a su pequeño hijo gracias a la catástrofe de San Francisco, se ha dedicado a estudiar, localizar y hallar la manera de comunicarse con Godzilla y demás criaturas; sin embargo, Madison (Millie Bobby Brown), su hija adolescente, está preocupada por su obsesión con el tema. Aún así, logra aprender y tratar con lógica este asunto, pues ambas viven en una base científica en China, donde una criatura de nombre Mothra (algo así como una polilla gigantesca) se encuentra en proceso de romper el cascarón, por así decirlo. Como es de esperarse, Mothra nace y con ella la revolución de un centenar más de monstruos ansiosos de ver la luz de nuevo.

Millie Bobby Brown y Vera Farmiga como Madison y Emma Russell respectivamente.

Esto no es coincidencia, pues hay seres humanos que creen que una purga a manos, perdón -garras- de estos seres míticos es necesaria para, a largo plazo, preservar a la humanidad. Obviamente es el ser humano quien se pone el pie así mismo, pero no todos somos tan malos. Gente como Mark Russell (Kyle Chandler), padre de Madison y ex de Emma, entra a escena para aliarse con quienes se presten a arriesgar su vida y así aliarse con Godzilla para mantener a raya a los demás monstruos.

La película se aleja de su antecesora, pues aquí efectos especiales hasta para llevar, mientras que una historia inteligente o interesante se queda completamente de lado. Pareciera que todo es un pretexto gigante para ver escombros y destrucción por doquier sin razón alguna; aún así, los monstruos no dejan de ser admirables, especialmente Gidorah, una criatura despiadada de 3 cabezas, esto logra rescatar un poco la intención de la historia. México tiene una aparición especial, por cierto.

Gidorah es el nuevo enemigo que pretende robar el trono a Godzilla.

No cabe duda que menos es más, un dicho que no llegó a los oídos de la producción. Sin embargo, funciona como una perfecta palomera que, sin duda alguna, deja el camino claro para lo que se viene el próximo año – Godzilla vs. Kong-. Y como lo mencioné en un principio, es admirable que se quiera rescatar la monstruosidad en las películas, aunque por momentos salga a relucir que los verdaderos monstruos son aquellos productores que solamente quieran vender.

Nace una Estrella, música y romance para los tiempos modernos

Bradley Cooper y Lady Gaga protagonizan la clásica historia de amor en tiempos modernos.

Por Alex It.

La historia es la misma, ya la conocemos, y si no… es muy familiar al menos. Es sencilla, es de amor, desamor, éxito, fama y sus consecuencias. Alguien tiene que ascender, mientras alguien más desciende, son polos opuestos que se atraen. Sin saberlo se necesitan y aunque el destino parece estar ya escrito, nadie lo nota sino hasta el final.

Así es ‘Nace una Estrella’, una historia de amor contada infinidad de veces en diferentes formatos pero, hasta ahora,  solamente 4 en la pantalla grande. Primero fue el turno de William A. Wellman por allá de 1937, quien bajo su guión y dirección, le dio a Janet Gaynor uno de sus papeles más memorables teniendo de contraparte al ya veterano Fredric March; la cinta tuvo buenas críticas y 8 nominaciones al Óscar, incluyendo Mejor Película. Luego fue el turno de George Cukor casi 20 años después en 1954, donde le dio el protagónico a la legendaria Judy Garland y al inglés James Mason; Garland recibiría su última nominación al Óscar como actriz protagónica por esta memorable interpretación.

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Tuvieron que pasar otros 20 años, y un poco más para otra versión en 1976; esta vez dirigida por Frank Pierson y un guión remodelado por John Gregory Dunne, quien decidió adaptar la historia a aquellos tiempos modernos del rock n’ roll, con la icónica Barbra Streisand y el galante Kris Kristofferson como la pareja protagónica; esta versión, aunque es la más conocida, no tuvo la calidad de las primeras, aunque si logró embolsarse una estatuilla Óscar por el meloso tema ‘Evergreen’.

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Y ahora, en pleno 2018, más de 4 décadas después, llega de nuevo esta joya romántica bajo la dirección del rompecorazones hollywoodense Bradley Cooper, quien también osa actuar y cantar a lado de nada más y nada menos que la sensación del pop moderno, Lady Gaga. Pero… ya sabemos que la historia ha sido contada una y otra vez, ahora ¿de qué trata? aquí va.

Jackson Maine (Cooper) es un reconocido cantante de música – country principalmente- que recién termina un show, y a falta de alcohol, decide entrar al primer bar que con el que se topa para encontrar con que enjuagar sus penas; ahí conoce a Ally (Gaga) una joven mesera que, después de su turno matutino, se dedica a cantar covers en drag. Es su turno de salir al escenario, y a todo pulmón le rinde tributo a Edith Piaf con ‘La Vie en Rose’, todo el mundo, incluido Jackson (y nosotros) somos testigos del talento bruto que Ally posee. Acto seguido, Jackson le invita un trago y después de una noche llena de peleas de bar y cantos improvisados, ambos se enamoran.

Lo que sigue es casi predecible, ella renuncia a su trabajo mundano y se una a la gira de Jackson para entonar su pequeña melodía a dueto, y a partir de aquí, el romance florece y el talento de Ally se vuelve viral. Podría terminar ahí, ser un pequeño cuento con un final feliz, pero dada la naturaleza de la narrativa, no puede ser el final, aún no. Vienen los problemas, los estragos de una condición auditiva de Jackson, su adicción al alcohol, la inevitable comercialización y fama de Ally que, de la noche a la mañana se vuelve en una súper estrella de pop. Y todo esto, permea en la relación de ambos.

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Uno comienza a sentir ansiedad y tensión, pues por un lado nos emociona que Ally por fin realiza sus sueños, pero también deseamos ver que ella y Jackson puedan ser la pareja de artistas talentosos que da esperanza a nuestras ideas románticas (imagina a Johnny Cash y June Carter). Pero no se puede todo, no señor, no sería una buena historia.

Y realmente es, aunque en papel no suena tan ambicioso, comercial y blockbuster sí, pero una buena historia no, y es justo lo que Cooper nos ha venido a enseñar, que este galán gringo y una cantante de pop pueden hacer lo suyo y viceversa. La química entre ambos es palpable y es, tal vez, lo más memorable e impactante de la película, pareciera que ambos nacieron para interpretar a esta pareja en particular. Se dice que por ahí del 2011, Clint Eastwood sería el encargado de dirigir, mientras que Beyoncé sería la estrella a lado de nombres como Tom Cruise, Leonardo DiCaprio y Christian Bale, pero después de atestiguar esta versión, inclusive aquella del ’76 parece errónea.

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Y de la entrañable química de ambos, se desprende la interpretación de Gaga, quien se despoja de todo artefacto y vestigio de su persona musical para encarnar a Ally de manera tan real y genuina, y de verdad lo es; muchos la recordarán como la loca del vestido de carne, pero los verdaderos fans saben que en el último par de años,  ella ha atenuado su extravagancia para dar paso a proyectos más orgánicos como ‘Joanne’, su último disco, y a pesar de eso, Ally se mantiene intacta del aura de Lady Gaga. Puede ser que el Globo de Oro otorgado por su primer protagónico en la serie antológica de American Horror Story haya sido una exageración – ¡puede eh! – pero la segura nominación al SAG, BAFTA y finalmente el Óscar, no lo es. Bien merecido se lo tiene, y podría atrever a decirme que serán múltiples nominaciones, pues ella también contribuye enormemente en el soundtrack…

… lo cual me lleva al siguiente highlight, Bradley Cooper canta, en vivo, y bien. Él ha dicho que fue una de las condiciones que Gaga estipuló para acceder a participar, el canto, la música, todo el show tendría que ser real, nada de lypsinc, y eso se aprecia en el filme, pues Cooper se atrevió a dar ese paso y se agradece, inclusive llego a filmar escenas en vivo durante los shows de Glastonbury y Coachella, ante audiencias que no tenían la menor idea de lo que sucedía pero jugaron al juego, dando como resultado una filmación honesta y pura.

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Y como de música se trata, música se necesita, creando así un soundtrack muy adecuado que hasta este momento ha entrado en las listas de Billboard, y de popularidad en la radio de varios países. Para ello se vieron involucrados personajes de alto calibre como Mark Ronson, Diane Warren, DJ Whiteshadow, Luke Nelson, Julia Michaels y Justin Tranter, entre otros. Cooper y Gaga también, obvs; logrando una creación que más que acompañar a la narrativa, forma parte de ella también, desde el repertorio de Jackson Maine y los comienzos de Ally, pasando por su etapa de niña boba pop hasta las baladas que te sacaran una lágrima, quieras o no; la banda sonora ha sido todo un éxito, pues ‘Shallow’ el tema principal, ya se escucha en varias estaciones y es la carta principal a presentar en la siguiente temporada de premios, los Grammys incluidos. ¿Se imaginan? Gaga con un Óscar y Cooper con un Grammy, es posible, se los digo.

Se agradece también la participación de Sam Elliot como Bobby, el manager y hermano mayor de Jackson, Rafi Gavron como Rez, el duro manager de Ally, Anthony Ramos como Ramón, el bestie de Ally y Dave Chapelle como Noodles, el bestie de Jackson; todos ellos necesarios para el panorama completo, que también incluye las seriedad y consecuencias de temas como el alcoholismo, la depresión y relaciones amorosas dependientes, por no decir que rayan en tóxicas.

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Toda esta composición hace de ‘Nace una Estrella’ un filme hermoso y sencillo; y así debería de ser, pues la historia es así, sencilla. Sencilla pero efectiva, y aunque muchos creían que había agotado su capacidad de sorprender y enganchar, solo se necesitaban los ingredientes correctos para convertirla en un éxito por sí misma. Es más, podríamos borrar aquellas contadas por Wellman, March o Pierson y está podría contar como una historia totalmente diferente, pero no lo es. En el fondo es la misma: una joven con talento asciende a la fama con la ayuda de un reconocido artista, mientras que la carrera de él va en picada por sus propios demonios, y en medio, el amor de ambos.

No se puede tener todo pero, aquí, Cooper y Gaga hacen casi lo imposible por dárnoslo y, deliciosamente, lo logran…

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