Alicia Vikander saca su heroína interna en el reboot de ‘Tomb Raider’

La ganadora del Óscar presume sus músculos e instinto de supervivencia en esta pulida adaptación del icónico videojuego.

Por Alex It.

Debo confesarlo, yo crecí con una consola de Playstation y mis juegos preferidos eran Crash Bandicoot, Resident Evil y… lo adivinaron Tomb Raider, debo confesar también que no jugué más allá de la cuarta entrega y en cuanto a historia se refiere, me perdí en el limbo; sin embargo, disfruté inmensamente aquella primer versión cinematográfica de la sexy cazarrecompensas inglesa con nada más y nada menos que la excelente Angelina Jolie como Lara Croft, claro que en esos tiempos no me interesaba saber que ella no era inglesa y que U2 era quien interpretaba el tema principal, yo quería ver los primeros juegos ser reinterpretados por alguien de carne y hueso, no quedé decepcionado.

Diecisiete años después, la emoción fue la misma o mayor inclusive, y el resultado, igual de maravilloso, y no lo digo por ser fanático del videojuego, de acentos ingleses o de Alicia Vikander, de quien yo dudaba ver en un papel de destreza física y mental, sino porque en verdad es una buena película, claro, no he tenido el privilegio de jugar con Lara en sus más recientes aventuras que, creo, han servido un poco para este reboot.


La historia es al menos similar pues Lara Croft trabaja como repartidora de comida para ganarse el pan, pues rechaza recibir la herencia de su desaparecido y dado por muerto padre Richard Croft (Dominic West ya grandecito como para hacerla de papá); sin embargo, Lara es presionada por Ana, su guardiana y colaboradora de las empresas Croft para recuperar lo que le pertenece, y ahí comienza la aventura de Lara (pues ella en necia) decide ir tras el rastro de su padre para encontrarlo con vida, ya que se rehúsa a creer que él murió. Ya, sin spoilers.

Y esa premisa es suficiente para llevarnos a islas misteriosas, hablarnos de brujas malditas y naufragar al puro estilo Lara Croft, lo cual funciona a la perfección pues de eso se tratan los juegos, y más allá de hacer enredos con la historia, la cual está bien marcada, la peli se enfoca en el viaje interno y externo que Lara debe librar para encontrar su vocación como espíritu aventurero y dejar atrás su vida como repartidora.

Esta vez sí me fije en el acento y aunque Vikander no es inglesa, creo que fue una decisión bastante atinada, ya que no puede imaginarme a Saoirse Ronan o Kristen Stewart como Lara, quienes fueron en algún momento consideradas para el papel; también me di cuenta del soundtrack adecuado, y aunque no hay un video musical o track emblemático como ‘Elevation’ años atrás, las mezclas de Junkie XL son más que una decisión correcta, para mis oídos, no hay mejor elección, tampoco veo a Alexandre Desplat como encargado de la banda sonora.

Lo que sí veo es una buena adaptación que, espero, deje al menos otras dos entregas, una mujer que por sus dotes artísticos logra encarnar una versión fresca y adecuada de Lara Croft ajustada para nuevas generaciones, y sí ustedes, como yo, son fans de al menos uno de los diecisiete juegos de Tomb Raider, les aseguro que la sensación al entrar a la sala, será como la que siente un niño cuando recibe un juguete.

Retrato de una generación llena de expectativas y sin oportunidades: Lady Bird

El retrato de una generación perdida, llena de expectativas y sin oportunidades es la historia de ‘Lady Bird‘, como se llama a sí misma Christine (Saoirse Ronan) una adolescente de 17 años y su familia: una madre pasivo-agresiva, un hermano que se rehúsa a madurar y un padre con sus propios problemas emocionales y económicos que resolver.

La película fue parte de las listas “Lo mejor del 2017”, tiene un puntaje casi perfecto en Rotten Tomatoes y cinco nominaciones para los Premios Óscar, y ahora llega a México. Se trata de la ópera prima de Greta Gerwing, una especie de autobiografía melancólica hacia su ciudad natal Sacramento en el estado de California.

Cortesía: Universal Pictures

Lady Bird se encuentra en la etapa de definición y autoconocimiento en su último año de preparatoria, con grandes expectativas respecto a la universidad a donde quiere ir, pues quiere alejarse lo más posible de su ciudad y encontrar una individualidad que ni ella misma sabe cuál es pero lo más importante en una incansable búsqueda de aceptación sobre todo de su madre.

Cae fácilmente en el estereotipo de adolescente llena de inseguridades, egocéntrica, idealista, muy snob, con impulsos ambivalentes y confusos, muy clásicos de la generación millennial, pues se encuentra desesperada por encontrar un lugar en el mundo que parece no existir.

Con grandes inclinaciones artísticas, una mezcla explosiva de sensibilidad y autoimportancia que cae en el martirio. ¿Pero por qué Lady Bird? es parte de su insistencia en su autoidentificación de manera distinta a la impuesta por la familia y su escuela.

El centro argumentativo de la película es la relación madre-hija pues se trata de una conexión con tintes explosivos por la misma intensidad de sus temperamentos y  el amor que las sostiene, que nos hará recordar nuestras propias batallas con nuestras madres. Marion (Laurie Metcalf) es explosiva y cálida, como lo mencionan en una escena y Christine busca satisfacerla aunque parecen injustamente altos sus estándares, mientras ella busca ser fiel a sus propias convicciones volviéndose una verdadera batalla campal.

Mientras su relación con su padre es diametralmente distinta, Larry (Tracy Letts) un hombre atormentado por una situación financiera que no le permite poner a su familia en “el lado correcto de las vías” pero que apoya de manera incondicional a Lady Bird.

En la trama también se observará la ilusión del primer amor, la importancia de la verdadera amistad, la importancia de la popularidad, el no tener recursos económicos y aspirar a un nivel socioeconómico alto, el querer mejorar sin tener las oportunidades para poder lograrlo.

De algún modo nos brinda la visión de una verdad no reconocida, y es que cuando se tienen hijos, la vida ya no gira entorno a ti, pero no te das cuenta de ello hasta que ese niño crece y se va de la casa.

Lady Bird celebra la belleza de lo ordinario, en la humilde ciudad de Sacramento, y es tan importante que en este momento, los críticos y el público alaban una película como esta, una película hecha por una joven sobre una joven.

Sin embargo, es bastante predecible y llena de clichés, con una gran sobrevaloración pues se trata de un film bastante simple, aunque destacan sus excelentes actuaciones y la brillante fotografía que nos remite a los 2000 con una paleta de color bastante fresca.