‘Nuevo Orden’ – Reseña

Michel Franco presenta bajo su lupa un cuento adrenalínico que, bajo sus visuales estruendosos, esconde un mensaje que queda a la interpretación del espectador.

Por: Alex It

(izq. a der.) Naian Gónzalez Norvind, Diego Boneta y Dario Yazbek

Bien dicen que el diablo está en los detalles, y ‘Nuevo Orden’, la más reciente producción del cineasta mexicano Michel Franco, está repleta de ellos en un lienzo sobre el que se pinta principalmente una escena que en nuestro país es repetitiva: aquella en la que el poderoso hombre blanco con aires de superioridad y complejo de salvación se eleva por encima del hombre moreno o de color que toda su vida ha sido estereotipado como aquel que vive solo para servir. Sin embargo, habrá que prestar atención justamente en los detalles, pues es ahí donde radica el corazón de esta historia, una que desde el comienzo te advierte que no habrá tregua, una creciente e inequívoca ansiedad que solamente tomará velocidad hasta llegar a las últimas consecuencias usando como vehículo a sus protagonistas.

La situación es clara, en la Ciudad de México se vive una serie de protestas que implícitamente han ido escalando en proporción y violencia causando disturbios a lo largo de la ciudad. En medio del caos, una familia se dispone a celebrar una fastuosa boda en la que los invitados pertenecen a las esferas sociopolíticas más altas y privilegiadas del país; sin embargo, el miedo se hace presente y aunque se va colando de manera discreta bajo el velo de la negación, pronto se convertirá en el invitado de honor.

A la fiesta llega Rolando (Eligio Meléndez) un hombre que debe conseguir una gran cantidad de dinero para que su esposa pueda ser operada de emergencia en un hospital privada, esto como consecuencia de la saturación de los hospitales por las protestas. Y aunque Rolando era un querido trabajador de la residencia, toda la familia lo ve como una piedrita en el zapato que habrá que sacudir, todos menos Marianne (Naian González), la novia en cuestión. Marianne parece ser la única que se muestra sensible ante los hechos exteriores, o al menos consciente de que su buena voluntad puede ser de ayuda. Ella decide desesperadamente -quizás de manera exagerada- recaudar la cantidad que se necesita, optando por utilizar sus propios recursos abandonando su propia boda para ayudar a Rolando. Sin embargo, tan pronto sale de su zona de confort, los modales y las buenas intenciones salen sobrando cuando las ominosas protestan caen -literalmente- en la celebración. A partir de este momento la narrativa se entregará a un vórtice de terror y desesperanza del cual no parece haber una salida.

Nada nuevo y ningún orden…

Poco a poco, la historia recae en los hombros de personajes secundarios como los de Fernando Cuautle, Mónica del Carmen, Diego Boneta, Dario Yazbek, Patricia Bernal, y Roberto Medina, quienes intentan exprimir el mayor provecho de la situación para justificar su presencia en la película. Aún así, logran unificar de manera notable el sentimiento de terror que eventualmente los unirá, a pesar de sus obvias diferencias.

Otra característica que indudablemente veremos a lo largo de la película son los colores, principalmente el verde, utilizado como representación de las protestas. Los otros dos colores son el blanco y el rojo, plasmados en la vestimenta de Marianne, cuyo personaje pareciera ser una disculpa ejemplificada de la bondad de los privilegiados; y si hacemos la suma, entonces estos colores se relacionan directamente con la bandera mexicana. Y si Franco lo hizo a propósito o es una mera coincidencia, lo cierto es que aquí, la presencia de estos colores no brinda ni esperanza, ni pureza, ni unión, sino todo lo contrario y quizás, esa sea la intención.

Sin embargo, a pesar de las cruentas imágenes y las -algo predecibles- vueltas de tuerca, el mensaje de Franco se pierde y la historia avanza tan rápido que ella misma se mete el pie para medio caer con gracia pues el supuesto nuevo orden jamás llega a cuajar, al menos no de una manera visiblemente satisfactoria. Y aunque es cierto que en México vivimos bajo la sombra del clasismo, la desigualdad, la discriminación y el abuso de poder, pero más allá de resolverlo, la historia oscila peligrosamente entre la apología del 1% y la culpabilidad de las masas, ocasionando que quienes no se fijen en los detalles la lleguen a castigar de perpetuar estereotipos. A pesar de esto, pienso que la advertencia del filme radica en la posible peligrosidad de la militarización descabezada de un país que vive bajo un yugo corrupto del cual ni el 1%, ni la fuerza laboral, ni la clase media salen bien libradas.

Desde el lanzamiento de su tráiler oficial, ‘Nuevo Orden’ ha causado polémica en las redes sociales pues hay quienes la critican de reforzar estereotipos, especialmente aquellos que afectan a mexicanos de piel morena pertenecientes a la clase baja del país. No obstante, la historia es mucho más profunda y como lo mencioné, radica en los detalles, pues habrá que quitarnos los prejuicios para disfrutar de esta – y cualquier otra- pieza cinematográfica. La sensación de ansiedad jamás abandonó mi butaca y la tristeza llegó al darme cuenta de que lo aquí retratado, posiblemente en menor amplitud, ha sido la realidad de muchos mexicanos, víctimas de un sinfín de injusticias, siendo el abuso de poder y corrupción las más grandes de ellas.

En conclusión, el filme termina siendo una obra que a simple vista se pinta de una anécdota violenta de ricos contra pobres, pero que, en el fondo, trata de advertir sobre un mayor peligro que podría afectar a todos sin importar el color de piel o estatus socioeconómico.

‘Nuevo Orden’ no se debe ver para salir con la respuesta de cómo evitar que el país caiga en una explosión social, sino como una experiencia que te mantendrá al borde de tu asiento de principio a fin.