On screen

Ni en las buenas, ni en las malas

¿Por qué se sigue financiando basura en nuestro país?

Por Alex It.

Una película es buena o mala según el gusto de cada quien. Pero, a veces, hay producciones tan indefendibles que no queda más que declararlas como malas. Y no hablo de tan-malas-que-terminan-siendo-de-culto- malas, no, simplemente malas. Sin nada, absolutamente nada que rescatar, así de simple.

Valeria (Zuria Vega) y Sebastián (Alberto Guerra) son una pareja de novios que han logrado sobrevivir a 3 años de relación; sin embargo, después de asistir a una boda, Valeria coquetea con la idea de formalizar, mientras que Sebastián sólo recalca que él no está hecho para el compromiso. Pasan los días, y en el trabajo, Sebastián está a punto de recibir a Pam (Macarena Achaga) – atención Juliantina fans- , la sensual hija de su jefe, como su becaria, y quien al parecer, está dispuesta a seducir a Sebastián a como de lugar, como un simple capricho.

Alberto Guerra y Macarena Achaga.

Las cosas se complican cuando Valeria descubre que está embarazada y Sebastián, en un acto desesperado, le propone matrimonio. Lo que sigue es una caída aparatosa en la que la becaria, un ex novio, el típico mejor amigo gay y una exageradamente bipolar wedding planner meten su cuchara para opinar sobre la relación de los novios, quienes por su parte, se encargan de sabotearse a ellos mismos.

El mensaje que se pretende dar es aquel sobre el triunfo del amor verdadero sobre todas las cosas, aunque implique pintarse los cuernos mutuamente o estar claramente infelices con las decisiones propias; sin embargo, ningún mensaje llega a transmitirse del todo… bueno sí, el mensaje de que en México se sigue gastando dinero a lo bruto en producciones pendejas, pues claramente cualquier ejercicio universitario es mejor que esta porquería.

Vega y Guerra son pareja en la vida real.

Los actores constantemente improvisan, o esa es la impresión que se da. La pobre Zuria Vega hace lo que puede con el guión – o la falta de este- y la dirección – o falta de la misma- pues sus dotes histriónicos exceden a esta producción, convirtiéndola en lo único apenas rescatable de este desastre, porque ni un cameo de Diana Bracho ni la ‘gran reaparición’ de Christian Chavez encajan.

Hablando de Chavez, hay películas donde los chistes sobre la comunidad LGBTIQ tienen lugar, son bienvenidas y hasta risa te dan; en cambio aquí, son los 5 minutos más incómodos de la historia puesto que lo hacen demasiado obvio y no viene ni al caso, pero ni tantito con lo que está sucediendo con la pareja principal.

Y de pronto, la película termina de tajo.

En fin, mi recomendación es vayan a verla, ¡sí! vayan nomás a juzgar a que cosas se les presta atención y dinero por encima de otras producciones nacionales realmente merecedoras o inclusive aquellas ideas que seguramente se quedan empolvadas por no contar con ‘x’ estrellas o yo que sé factores para ser producidas. Una verdadera lastima…

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