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“El mundo oculto de Sabrina” cuestiona el patriarcado, convirtiéndose en un reboot terrorífico, divertido y genial.

Por: Aída M. Castillo

Lo oculto y sobrenatural es una alegoría natural para cualquier tipo de existencia que no cumpla con los parámetros establecidos en la sociedad; las prácticas ocultas en todo el mundo tienen sus raíces en la creencia de que existe un reino espiritual correspondiente al físico que ocupamos. ¿Qué espacio es más adecuado para alguien que recibe constantemente el insulto social y cultural de ser mejor en “sentir” que “pensar”, alguien que posee “intuición acrecentada”? Este espacio lineal ha sido ocupado predominantemente por personajes femeninos.

The Chilling Adventures of Sabrina, o El mundo oculto de Sabrina disponible en Netflix desde el viernes 26 de octubre, se sumerge en conversaciones teológicas, políticas y sociales abriéndose paso para construir algo incluso más radical. Si antes decían que toda mujer es una bruja. Ahora, se preguntan: ¿qué significa ser una mujer y también qué significa ser una bruja? entonces, ¿cuál es el significado de cualquiera de estas identidades y cuáles son sus obligaciones asociadas? Los personajes del reboot más reciente de Roberto Aguirre-Sacasa, tienen un mensaje contundente: si la magia no se utiliza para la justicia, entonces no es brujería y no vale mucho la pena practicarla. 

Sabrina (Kiernan Shipka) es una adolescente mitad bruja, mitad humana que debe elegir si quiere vivir en el mundo de las brujas o de los mortales antes de cumplir 16 años, cuando se espera que participe en su “bautismo oscuro” y prometa su alma al diablo.

A medida que se acerca a su cumpleaños, Sabrina se siente cada vez más frustrada por las injusticias del mundo humano; si bien es cierto que tiene algunas habilidades mágicas (ella puede lanzar hechizos con la ayuda de otros), carece del conocimiento y la experiencia para aprovecharlos. Por eso se debate entre elegir el sendero de la oscuridad que le otorgaría mayores poderes, pero que también la sacaría del mundo que desea curar, dejando que sus amigos marginados se valgan por sí mismos.

Como cualquier bruja buena, se pregunta: ¿de qué sirven mis poderes si no puedo usarlos para proteger a los vulnerables? ¿para qué sirven, si no para tratar de equilibrar un poco la balanza hacia los que están en el poder?

Sabrina pronto se da cuenta de que el mundo de las brujas sufre los mismos desequilibrios de poder con los que intenta luchar en el mundo mortal. “Todos los que asisten a la academia [de brujas] son ​​estirados, horribles o racistas”, dice, y agrega. “Tengo reservas acerca de reservarme para el Señor Oscuro. ¿Por qué decide lo que hago o no hago con mi cuerpo? En un statement poderosísimo.

En lugar de dejar que su vida sea gobernada por la dicotomía de brujo/mortal, Sabrina Spellman forja su propio camino, uno en donde aprovecha la magia para proteger a los oprimidos.

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