On screen

El amor, la libertad y el deseo son actos de desafío y DESOBEDIENCIA

Por: Aída M. Castillo

En una sociedad donde los hombres son quienes sustentan el poder, ser mujer resulta abrumador pero cuando la religión es la ley suprema, tener sentimientos hacia otra mujer siendo una resulta simplemente toda una revolución. Eso es lo que nos presenta Sebastián Lelio, productor de origen chileno que ya había dado de que hablar con A Fantastic Woman (Una mujer fantástica), lo vuelve a hacer con Disobedience estrenada en el Toronto International Film Festival, además de contar con grandiosas críticas por parte del Tribeca Film Festival y el Sydney Film Festival.

La explosión de un sentimiento reprimido es todo un reto a nivel visual aunque el director sale librado de manera extraordinaria gracias a la correcta selección de espacios,  planos y música con la actuación de dos grandes actrices que hacen del amor un discurso casi artístico, incluso en algún momento de la película hacen del mismo deseo, el hilo conductor de la narrativa sin caer en lo vulgar o lo cliché.

Nos presenta a dos personalidades que parecen ser el opuesto, Ronit Krushka (Rachel Weisz) una mujer rebelde que decidió emigrar a Nueva York lejos de su familia y de la comunidad judía ortodoxa londinense, precisamente por sentirse ajena a los pensamientos que le presentaba su padre, un rabino muy apreciado en su pueblo. Esti Kuperman (Rachel McAdams) en cambio es una mujer obstinada y religiosa que ha encontrado estabilidad y aceptación a cambio de negar lo que siente, sin embargo, existe algo que las une y que no han podido olvidar pero que será revivido.

Precisamente el contraste entre estas dos personalidades, es lo que vuelve el argumento un compendio de emociones, por que una vez que has probado la libertad religiosa y moral, volver a un lugar seguro parece incómodo y agresivo, sobre todo por el entorno hostil que trata como extranjera en su mismo hogar a Ronit, que debe volver no solo para reclamar un duelo que le pertenece (la pérdida de su padre) sino también para enfrentarse a todo aquello que le duele y que parecía olvidado pero sólo estaba escondido. Alejarte a veces, puede darte cierta perspectiva, pero jamás cambiará tu realidad.

Con escenas carentes de diálogo pero miradas tan intensas que queman además de silencios prolongados que comunican más que cualquier conversación, las protagonistas exploran y se cuestionan los límites que existen entre la fe y la sexualidad. Quizás en un momento de revelación entendamos que amar más allá de la identidad es también un salto de amor y de fe.

Uno de los diálogos más imponentes del film: “There’s nothing so tender as being free to choose.” (No hay nada más dulce que tener la libertad para elegir) se convierte en el mensaje principal de la película.

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